Clemencia 2

agosto/08:

Capitulo 13: Nadie sobrevive al fin del mundo.

“Justo la nieve comenzaba a caer cuando algo extraño en El piadoso sucedió, luces rojas llenaron las calles y a los vecinos reunieron, una particular sirena se escucho sonar y la gente comenzó a murmurar. A Nora Claustro la sacaban inconsciente de su casa, tendida en una camilla, nadie de su familia le seguía, era Joseph quien de cerca la vigilaba mientras algunas viejas cuchicheaban: pero ¿Cómo fue que ésto pasó? ¿Cómo sucedió? ¿Quién lo vio?” Nosotros lo sabemos, cantaron los niños del coro y con su sutil voz siguieron: Sucedió esta mañana cuando Octavio claustro al doctor de su mujer visitaba, fue a recoger las medicinas de Nora, y algo preocupado preguntó “¿Será normal su delicado estado?”, el doctor respondió “Con un mes de embarazo es perfectamente normal”. Entonces a Octavio le salió a relucir algo a cuenta: “Hace un mes yo no estaba en la ciudad”. Furioso salió del hospital y lleno de ira en su automóvil subió.
¿La ha descubierto? ¿Qué tan enojado estaba? ¿Fue él quién la ha dejado inconciente? insistían las mujeres, a lo que los niños cantaban: Clemencia se encontraba en la sala de su casa, acostada en la alfombra junto al sillón, sostenía en sus manitas una cajita de cristal, la abrió y observó el alacrán que guardaba en su interior. “Me vas a ayudar pequeño” le decía una y otra vez, cuando la puerta de golpe se abrió y Octavio ordenó “Sube al coche, que nos vamos ahora mismo”, Clemencia corrió hacia su papi y dejó la caja de cristal abierta junto al sillón.
La pequeña niña no entendía el humor de su padre, pero acató la orden. Octavio tomó un par de maletas y las llenó con ropa de él y de Clemencia, las subió al coche y tomó a su hija, Clemencia preguntó: “¿Mami no viaja con nosotros?” y Octavio respondió “Nunca más”. Se alejaron los dos del buen barrio “El Piadoso” colonia residencial, se alejaron de nosotros sin mirar atrás, se fueron los Claustro y dejaron atrás el pasado con dos boletos de avión en mano.
Pero ¿Con esta pobre mujer que ha pasado? Pasó lo que tenía que pasar, el final llegó al mundo de los Claustro en esta navidad. Nora había llegado tarde a casa, no estaba Clemencia ni Octavio, ni rastro de ellos, el clóset estaba vacío y no había maletas en el armario. Nora comprendió que todo había acabado, pero fue entonces ahí en la sala, cuando sintió el pinchazo en el pie y un terrible dolor. ¿Ha sido el alacrán? santo Dios ¿Le ha picado el alacrán?
Déjennos seguir con nuestra canción, replicaron los del coro y la historia finalmente terminaron de contar: Joseph, decidió a hablar con Nora nuevamente, llamó varias veces a la puerta, después de un rato sin obtener respuesta, fue a la ventana de la casa y encontró a Nora tirada en la sala, inconsciente con un alacrán recorriéndole las piernas. Joseph marcó a una ambulancia y espero en la ventana. Ahora Nora rumbo al hospital va, se debate entre la vida y la muerte mientras su esposo e hija en el aeropuerto un vuelo esperan impacientes. Es aquí donde termina este villancico del fin del mundo, más no la historia de los Claustro, que aún les queda mucho por contar.”

Capitulo 12: Sólo soy una persona

Todos los días Nora Claustro se levantaba temprano y hacía sus labores antes de medio día, pero, hoy son las 12 P.M. y Nora aún no sacude ni una mesa. Mira por la ventana de la cocina, enmudecida y desalineada. Sostiene en sus manos un papel en el que se lee el mensaje: “Sé lo que le ocultas a tu esposo y mi silencio tiene precio”.
Clemencia se encontraba en el jardín mirando las rosas, Tony Daley y Fidelina se sientan junto a ella. El regordete niño, saca una cajita de cristal de su mochila y advierte a Clemencia “Tienes que devolvérmelo Claustro”. Clemencia coge la cajita y la mira detenidamente, Fidelina replica “¿Y si le pasa algo a tu mami?”, Tony se apresura a contestar “Los papis son inmoribles, tonta”.
Aires fríos y navideños se acercaban cada día a “El Piadoso”, y con ellos malas noticias y amenazas vecinas. Nora lo supo cuando regresaba de un misterioso pendiente y en la puerta de su casa se encontró con Joseph, su viejo amor, su pasado amante. Él, insistente se acercó a ella, rogándole otra oportunidad, un nuevo amor y permitirle ser responsable del pequeño que viene en camino. Pero Nora tenía resuelta ahora su vida, dijo a Joseph que se marchara y remarcó “Octavio le puede ofrecer una vida mejor”. Joseph la miró con un poco de sorpresa, “¿Cómo puedes decir eso?” expresaba su rostro y Nora simplemente completó “Sólo soy una persona y trato de hacer lo mejor”. Entonces Nora despachó fuera de su vida a Joseph dándole un definitivo adiós. Mientras Joseph se marchaba tratando de no mirar atrás, un villancico se escuchaba cantar.

capitulo 11:Faller falla

En un barrio como “El Piadoso” todo se sabía pronto, mas cuando un nuevo vecino se instalaba y si éste era importante, ni dudarlo, la noticia volaba. Fue así cuando Doctor Faller al piadoso llegó, sólo era un hombre gordo, casi calvo y de lentes de fondo de botella, pero, Faller un atractivo especial poseía, aparecía en el televisor como el Psicólogo de los Niños Estrella.
Los Claustro pidieron entonces una cita con él, en su consultorio verde esmeralda y lima clara. “Atienda a nuestra hija” suplicaba Nora, pero el Doctor Faller negaba con la cabeza “Es sólo un caso de celos lo que su hija padece, espere a que nazca el bebé y verán como desaparece”. Octavio enfurecido replicaba “Mi hija a tratado de matar a mi esposa en varias ocasiones” y el Doctor Faller cedió para analizar a la pequeña y pálida niña.
Para Clemencia tanto verde esmeralda y lima clara en el consultorio, le provocaban náuseas, pero las reservó y se dedicó a mirar a Faller con atención. Retorciendo su bigote el Doctor preguntó: ¿Qué es lo que pasa mi querida niña? Pero Clemencia no cedió, “¿Se trata de un secreto?” Insistió Faller. Pero aún así Clemencia en silencio permaneció. “Si me lo cuentas yo podría ayudarte” expresó acercándose a Clemencia y dejando a la vista un escapulario que de su cuello colgaba. Entonces Clemencia respondió “el bebé no debe nacer, se lo he prometido a Dios, antes de que lo villancicos suenen, el bebé no debe nacer”.
Al final de la sesión, Faller no quedó muy claro, pero de algo estaba seguro Clemencia Claustro era un caso, que seguramente lo volvería millonario.

El más joven de los Claustro

Cuando Octavio nació, su madre se llevó el susto de su vida, entre todos sus hijos pelirrojos, uno de cabello negro luciría. En las fiestas siempre era el último en ser invitado y en los equipos nunca era solicitado. Delgado, pálido y sin nada que aportar, Octavio Claustro sólo era un enclenque más.
Mientras estudiaba Publicidad, Conoció a Nora Famel. Ella y su obsesión por el control, volvió a Octavio una persona mejor. Le impuso una rutina de ejercicios y cambió su alimentación, le cortó el pelo diferente y su guardaropa renovó.
Octavio Claustro consiguió empleo en una agencia de publicidad, gracias a que su esposa no olvidó una canasta con pastelillos enviar. Era Octavio un hombre bastante seguro de sí mismo, contento de la vida que había elegido, tenía una hermosa mujer y una preciosa hija.
Julio, Juan, José, Jaime, eran los nombres de sus hermanos, por eso Octavio de su nombre orgulloso vivía y aunque fuese el más joven de los Claustro de algo seguro se sentía: El tenía la mejor esposa y la mejor hija, algo que sus hermanos mecánicos nunca entenderían. Ahora que un nuevo Claustro estaba por llegar a la familia, Octavio estaba seguro de que su nombre portaría, no sería Julio, ni Juan, mucho menos José o Jaime, Octavio Jr. Claustro sería un afortunado igual que su padre.

Capitulo 10: Ojos rotos

El aire comenzaba a tener cierto ambiente en “El piadoso”, podías ver a la señora Hortensia Castilla colgar algunos focos navideños en la entrada de su casa, mientras Carlota Fontera colgaba algunas esferas a los pinos que crecían en su jardín, pero, en la casa de enfrente Clemencia Claustro por la ventana miraba, cansada de los retrasos y segura de que la última caída de su madre casi conseguía su objetivo, Clemencia decidió usar la artillería pesada. Colocó un jabón fuera de la bañera, pero Nora salió sin pisarlo. Trató de empujarla de la cama mientras dormía, pero Octavio terminó abrazando a Clemencia como si fuera otra almohada. Entonces su último plan fue amarrar una soga de brincar en ambos extremos de la parte alta de la escalera. Nora bajó despreocupada y de no ser por que Octavio la alcanzo a sostener, hubiera terminado en el suelo con un súbito golpeteo. Otro plan frustrado, pensó Clemencia, entonces escuchó a su papá gritarle como nunca en su vida “!Clemencia ven de inmediato y sin chistar!”,  cuando llegó se dio cuenta de que Nora y Octavio la miraban enojados sosteniendo su cuerda de brincar en las manos.

Clemencia podía ser la niña más extraña y sombría de cualquier lugar, pero eso no significaba que no temiera  a un buen regaño de papás. Sin más ni más comenzó a gritar “Sólo quiero ayudar a mamá”, Octavio la sujetó con fuerza y preguntó “¿De qué hablas?”  y Clemencia respondió “Mami dijo que el bebé no debía nacer”

Las miradas se cruzaron entre los Claustro y un silencio incomodo llenó la sala. Por los ojos rotos de la ventana Clemencia logró mirar, unos niños se enfilaban para los villancicos comenzar a practicar.

Capitulo 9: Fabula

Era una noche tranquila en el barrio “El piadoso”, todos los residentes se encontraban dormidos. Clemencia soñaba con el llanto de un niño no nacido, una cuna se alzaba entre las sombras y la perseguía por un iluminado pasillo. La temeraria niña , una daga empuñó y contra la cuna se abalanzó. Desquiciada su sonrisa, la niña cumplió su misión y Dios con una montaña de dulces le premió. Octavio feliz de ser nuevamente padre soñaba con un trabajo que no le implicara más viajes, dos pequeñas niñas les esperaban a diario en casita, sin olvidar a Nora con un camisón rojo aguardándole siempre dispuesta en la camita, así de simple Octavio soñaba. Era Nora la que tenía pesadillas, ella y Octavio caminaban en un parque, ella sostenía la mano de Clemencia y él cargaba un bebé en los brazos, ambos se besaban felices y Octavio de su desliz jamás se enteraba. Pero, de un momento a otro despertó y se dio cuenta de su verdad, miró a Octavio dormido y suavemente pronuncio “si no estuvieras siempre ausente”. Entonces Nora se dio cuenta de que no importaba que o como, pero su sueño tenía que volverse una realidad y pasó la noche entera mirando el retrato de bodas que sobre su tocador colgaba.

Capitulo 8: Papi regresa

Cuando Clemencia escuchó la palabra “Hospital” imaginó ese tétrico lugar con el que siempre soñaba, pasillos oscuros y llenos de moho, donde las sombras se extienden a lo largo del día, instrumentos de metal en bandejas de plateadas llenas de sangre. Agujas puntiagudas derramando líquidos azules, enfermeras de ojos blancos y doctores de dientes deformes y sonrisas macabras.
Pero, la tarde que una ambulancia la transportó junto a su madre al hospital “El Santo Colas”, Clemencia se decepcionó: pasillos iluminados y pintados de color durazno, enfermeras regordetas y sonrientes, doctores buen mozos, además un área de guardería donde Clemencia no quería ni mirar. Era tan armonioso el Santo Colas, que la pequeña niña podía sentir nauseas rodeada de tanta felicidad. Por eso decidió mirar la televisión, mientras esperaba en el cuarto donde su madre dormía atada a un montón de cables y aparatos con un extraño ruidito “Bip, Bip, Bip”
La puerta se abrió, un hombre alto, de pelo despeinado, joven y delgado, entró. Sus ojos eran iguales a los de clemencia, negros y grandes. Clemencia saltó de la silla y recibió al hombre, llamándole “Papi”. Nora sintió en sus sueños un profundo malestar y al regresar a la realidad se dio cuenta de que Octavio estaba de vuelta.
El doctor entró minutos después, saludó a Octavio “¿Cómo está señor Claustro?” y luego revisó a Nora “Es un milagro señora, su bebé está muy bien”, fue una sorpresa para Octavio enterarse que sería papá pero no le causó ningún malestar.
Cuando el Doctor quiso aclarar el tiempo de embarazo, Nora se apresuró a contestar “mes y medio” tomando la mano de Octavio y completando “Fue unos días antes de tu viaje de trabajo”.
Entonces en aquella sala de hospital una nueva mentira se engendraba, pero eso poco a Clemencia importaba, fue una mujer que colocaba unas luces de navidad en la recepción, lo que llamó su negra atención, la época de los villancicos se aproximaba y Clemencia su misión aun no lograba.

Capitulo 7: Olor a muerte

¿Has visto esa escena en las telenovelas? Esa en la que la mala golpea a la buena y ésta última pierde a su bebé, ¿la has visto?, Clemencia la televisión miraba, mientras esa escena pasaba y también  pudo ver como el crucifijo en la pared dijo: “ve”. Una sonrisa malvada se pintó en sus labios y sus ojos sobre la televisión se clavaron.

Entonces , fue que miró a Nora, parada sobre una silla, limpiando su retrato de bodas colgado en lo alto de la pared. Clemencia vio después a Mr. Ganso, su deforme amigo imaginario, señalarle insistente la pelota roja que junto a ella se encontraba.

Nora se paró de puntitas sobre la silla para alcanzar a limpiar las orillas y fue entonces que Clemencia tomó acción, botó la pelota contra el suelo unas cuantas veces, y en el momento oportuno, sin más ni más, la lanzo fuerte contra la silla de Nora. El estruendo aturdió a la pequeña niña y sus ojos cerró, un cristal escuchó romperse, un bulto caer, la silla quebrarse y la pelota alejarse. Un extraño olor sintió Clemencia finalmente, los ojos abrió y con su madre tendida inconciente en el suelo se encontró. Un pequeño hilo de sangre corría entre los cristales rotos, manchando el retrato de bodas en el suelo. Clemencia sonrió, por fin su misión había logrado. ¿Ahora recuerdas esa escena?

Capitulo 6: La naturaleza muerta

 

Una tarde soleada como las demás, Clemencia se imagino en la cima de una montaña, obteniendo el preciado y oscuro secreto que guarda la caja de Pandora, aunque a decir verdad, solo estaba sobre una silla buscando en la alacena un tarro lleno de un extraño polvo blanco. Clemencia bajó de la silla y vertió el especial polvo blanco sobre una taza de café, el cielo oscureció de nuevo para ella y su mirada brillaba, esta vez lograría su meta y el mundo a salvo del fin estaría.

Nora entró en la cocina y saludó con un tierno beso a su hija. Dió un sorbo a su taza de café y luego escupió aturdida “Demasiado dulce, me he pasado de azúcar”, salió después por la puerta principal, rumbo a una cita que desde hace días tenía, mientras Clemencia maldecía.

Ya en el hospital, mientras la preparaban, Nora pudo ver a su bebé a lo lejos, decirle adiós, jamás lo conocería con aquella decisión. El doctor se colocó en las piernas de Nora y le preguntó “¿Lista Señora?”, Nora miró a lo lejos su bebé diciendo adiós de nuevo, luego volvió a mirar al doctor y con la cabeza negó.