Capitulo 3: Otro Muerto

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Había una perrera llamada “el buen sabueso” en las orillas del barrio. Con la política sincera “Porque un buen perro, es una buena compañía”.  Una tarde del día de muertos,  Hortensia Castilla acudió a la perrera en busca de compañía y la encontró en la última jaula, tirando baba, en un buen Rottweiler.Nora Claustro llegó esa misma tarde a casa, besó la frente de Clemencia, mientras la niña miraba el televisor. Nora explicó: “Cariño, papi regresará en una semanas, arreglaremos el jardín para él”. Salieron pues las dos; una llevaba en las manos sus tijeras para el pasto y la otra, una pequeña pala de plástico.Mientras Nora atendía a sus rosas, Clemencia notó la presencia del nuevo perro de la vecina, un precioso Rottweiler, encerrado en un pequeño corral. Una nube cubrió el sol y algunos de sus rayos se filtraron entre los huecos. Clemencia vio oscurecer a su alrededor y una pequeña luz que iluminaba la puerta del corral, el viento ajito las ramas de un árbol que estaba ahí junto, unos niños enmascarados de muerte pasaron corriendo, sus madres les seguían de cerca, cargando  ramilletes de cempasúchil.  Entonces Clemencia pensó que un pequeño susto podría desembarazar a su mami, y decidida abrió al perro la rejilla cuando la nube dejó al sol.El rottweiler corrió directo hacia Nora, ella escuchó los ladridos del perro y las risas de Clemencia,  cuando menos lo pensó el can estaba sobre ella rugiendo feroz.Más tarde, Clemencia y Fidelina miraban el televisor, la rubia preguntó “¿El sustito no funcionó?” y Clemencia contestó: “trataré con uno más fuerte la próxima vez”. Aquella noche “El buen sabueso” recibió de regreso a uno de sus miembros, pero ésta vez su política cambiaría, “Por que un mal perro, recibe una muerte digna”.  

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