Capitulo 4: Una Rosa es una Rosa.

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 Aunque el sol sale de la misma forma para todos en el barrio “El piadoso”, los vecinos sabían a la perfección que las rosas más rojas y el césped más verde crecían en el jardín de los Claustro. Aunque los Castilla regaran diariamente el césped y Molly Robert usara el mejor fertilizante para sus rosas. Ninguna de las flores en las otras casas, eran tan rojas y hermosas como las de la casa Claustro. Nora salió al jardín como todas las tarde, para arreglar sus rosas. Fue cuando Clemencia cambió del canal de jardinería al de películas de horror, que una hermosa idea surgió. Una mujer gritaba aterrorizada en la tele, huyendo de dos escarabajos gigantes. Nora tocaba los pétalos de la rosa con la yema de sus dedos, sentía su suavidad, hasta que sin querer tocó una de las espinas y vio una gota de sangre rodar por su palma. Mientras su amiga Sandra le decía: “la cita está hecha con ese doctor que te dije, pero no lo tienes que hacer si tú no quieres”, Nora se limitó a responder: “Este bebé no debe nacer”. Sandra se sentó a su lado y le dijo: “Cómo han crecido las rosas desde que Clemencia nació, recuerdas, estabas tan emocionada”. Pero la mirada de Nora seguía perdida en esa gota de sangre que corría por el pétalo de una rosa.La noche llegó de nuevo al barrio “el Piadoso” y Nora vestida con un camisón blanco se dispuso a dormir en su cama. Algo no la dejaba descansar, un cosquilleo en los pies y una sensación húmeda en la espalda. ¿Será el embarazo? pensó ella. Pero pronto con un salto se dio cuenta que de escarabajos y gusanos estaba llena la cama. Gritó tan fuerte como pudo, mientras Clemencia se regocijaba en la oscuridad del pasillo, esperando que el sustito ahuyentara a su futuro hermanito.

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