Era una noche tranquila en el barrio “El piadoso”, todos los residentes se encontraban dormidos. Clemencia soñaba con el llanto de un niño no nacido, una cuna se alzaba entre las sombras y la perseguía por un iluminado pasillo. La temeraria niña , una daga empuñó y contra la cuna se abalanzó. Desquiciada su sonrisa, la niña cumplió su misión y Dios con una montaña de dulces le premió. Octavio feliz de ser nuevamente padre soñaba con un trabajo que no le implicara más viajes, dos pequeñas niñas les esperaban a diario en casita, sin olvidar a Nora con un camisón rojo aguardándole siempre dispuesta en la camita, así de simple Octavio soñaba. Era Nora la que tenía pesadillas, ella y Octavio caminaban en un parque, ella sostenía la mano de Clemencia y él cargaba un bebé en los brazos, ambos se besaban felices y Octavio de su desliz jamás se enteraba. Pero, de un momento a otro despertó y se dio cuenta de su verdad, miró a Octavio dormido y suavemente pronuncio “si no estuvieras siempre ausente”. Entonces Nora se dio cuenta de que no importaba que o como, pero su sueño tenía que volverse una realidad y pasó la noche entera mirando el retrato de bodas que sobre su tocador colgaba.
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