El aire comenzaba a tener cierto ambiente en “El piadoso”, podías ver a la señora Hortensia Castilla colgar algunos focos navideños en la entrada de su casa, mientras Carlota Fontera colgaba algunas esferas a los pinos que crecían en su jardín, pero, en la casa de enfrente Clemencia Claustro por la ventana miraba, cansada de los retrasos y segura de que la última caída de su madre casi conseguía su objetivo, Clemencia decidió usar la artillería pesada. Colocó un jabón fuera de la bañera, pero Nora salió sin pisarlo. Trató de empujarla de la cama mientras dormía, pero Octavio terminó abrazando a Clemencia como si fuera otra almohada. Entonces su último plan fue amarrar una soga de brincar en ambos extremos de la parte alta de la escalera. Nora bajó despreocupada y de no ser por que Octavio la alcanzo a sostener, hubiera terminado en el suelo con un súbito golpeteo. Otro plan frustrado, pensó Clemencia, entonces escuchó a su papá gritarle como nunca en su vida “!Clemencia ven de inmediato y sin chistar!”, cuando llegó se dio cuenta de que Nora y Octavio la miraban enojados sosteniendo su cuerda de brincar en las manos.
Clemencia podía ser la niña más extraña y sombría de cualquier lugar, pero eso no significaba que no temiera a un buen regaño de papás. Sin más ni más comenzó a gritar “Sólo quiero ayudar a mamá”, Octavio la sujetó con fuerza y preguntó “¿De qué hablas?” y Clemencia respondió “Mami dijo que el bebé no debía nacer”
Las miradas se cruzaron entre los Claustro y un silencio incomodo llenó la sala. Por los ojos rotos de la ventana Clemencia logró mirar, unos niños se enfilaban para los villancicos comenzar a practicar.
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