Cuando Octavio nació, su madre se llevó el susto de su vida, entre todos sus hijos pelirrojos, uno de cabello negro luciría. En las fiestas siempre era el último en ser invitado y en los equipos nunca era solicitado. Delgado, pálido y sin nada que aportar, Octavio Claustro sólo era un enclenque más.
Mientras estudiaba Publicidad, Conoció a Nora Famel. Ella y su obsesión por el control, volvió a Octavio una persona mejor. Le impuso una rutina de ejercicios y cambió su alimentación, le cortó el pelo diferente y su guardaropa renovó.
Octavio Claustro consiguió empleo en una agencia de publicidad, gracias a que su esposa no olvidó una canasta con pastelillos enviar. Era Octavio un hombre bastante seguro de sí mismo, contento de la vida que había elegido, tenía una hermosa mujer y una preciosa hija.
Julio, Juan, José, Jaime, eran los nombres de sus hermanos, por eso Octavio de su nombre orgulloso vivía y aunque fuese el más joven de los Claustro de algo seguro se sentía: El tenía la mejor esposa y la mejor hija, algo que sus hermanos mecánicos nunca entenderían. Ahora que un nuevo Claustro estaba por llegar a la familia, Octavio estaba seguro de que su nombre portaría, no sería Julio, ni Juan, mucho menos José o Jaime, Octavio Jr. Claustro sería un afortunado igual que su padre.
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