Hay una vieja historia que todos escuchamos cuando éramos pequeños, la leyenda de un misterioso polvo blanco que nuestras madres esconden en la alacena, ese polvo con el que las ratas y las cucarachas caen muertas. Tony Dalei, el pecoso y regordete niño pelirrojo que vive en la esquina, conoce bien esa historia y se la ha contado a Clemencia. Inmediatamente la mente de Clemencia comenzó a volar, el cielo oscureció por completo y un rayo de luz se posó sobre ella, su sonrisa era la indicación de que la pequeña niña había captado la señal a la perfección.Mientras la pequeña niña ideaba su plan, Nora Claustro visitaba unos departamentos en las afueras de la ciudad, vestida de lentes oscuros y gabardina, llamó varia veces a la puerta más vieja con el número 660. Tocó y tocó hasta que se cansó y entonces gritó: “Joseph, abre, soy yo Nora, por favor amor”, con tanto escándalo una vecina de la puerta contigua abrió y sin más ni más exclamó: “Se fue ayer por la mañana, con un montón de maletas, pagó el alquiler y dejó unas cuántas deudas”. Nora enfureció y mientras caminaba a su automóvil cogió el celular, marco a la única persona que podía escucharla, su fiel amiga Sandra Gozarra, y le contó “él se fue, me dejó”.Hay una vieja historia que todos hemos escuchado, esa en la que dos personas se aman profundamente y pese a la adversidad logran estar juntos y viven felices para siempre, claro, hasta que uno de los amantes sale huyendo dejando al otro solo.
Abril 2, 2008
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Aunque el sol sale de la misma forma para todos en el barrio “El piadoso”, los vecinos sabían a la perfección que las rosas más rojas y el césped más verde crecían en el jardín de los Claustro. Aunque los Castilla regaran diariamente el césped y Molly Robert usara el mejor fertilizante para sus rosas. Ninguna de las flores en las otras casas, eran tan rojas y hermosas como las de la casa Claustro. Nora salió al jardín como todas las tarde, para arreglar sus rosas. Fue cuando Clemencia cambió del canal de jardinería al de películas de horror, que una hermosa idea surgió. Una mujer gritaba aterrorizada en la tele, huyendo de dos escarabajos gigantes. Nora tocaba los pétalos de la rosa con la yema de sus dedos, sentía su suavidad, hasta que sin querer tocó una de las espinas y vio una gota de sangre rodar por su palma. Mientras su amiga Sandra le decía: “la cita está hecha con ese doctor que te dije, pero no lo tienes que hacer si tú no quieres”, Nora se limitó a responder: “Este bebé no debe nacer”. Sandra se sentó a su lado y le dijo: “Cómo han crecido las rosas desde que Clemencia nació, recuerdas, estabas tan emocionada”. Pero la mirada de Nora seguía perdida en esa gota de sangre que corría por el pétalo de una rosa.La noche llegó de nuevo al barrio “el Piadoso” y Nora vestida con un camisón blanco se dispuso a dormir en su cama. Algo no la dejaba descansar, un cosquilleo en los pies y una sensación húmeda en la espalda. ¿Será el embarazo? pensó ella. Pero pronto con un salto se dio cuenta que de escarabajos y gusanos estaba llena la cama. Gritó tan fuerte como pudo, mientras Clemencia se regocijaba en la oscuridad del pasillo, esperando que el sustito ahuyentara a su futuro hermanito.
Marzo 26, 2008
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Había una perrera llamada “el buen sabueso” en las orillas del barrio. Con la política sincera “Porque un buen perro, es una buena compañía”. Una tarde del día de muertos, Hortensia Castilla acudió a la perrera en busca de compañía y la encontró en la última jaula, tirando baba, en un buen Rottweiler.Nora Claustro llegó esa misma tarde a casa, besó la frente de Clemencia, mientras la niña miraba el televisor. Nora explicó: “Cariño, papi regresará en una semanas, arreglaremos el jardín para él”. Salieron pues las dos; una llevaba en las manos sus tijeras para el pasto y la otra, una pequeña pala de plástico.Mientras Nora atendía a sus rosas, Clemencia notó la presencia del nuevo perro de la vecina, un precioso Rottweiler, encerrado en un pequeño corral. Una nube cubrió el sol y algunos de sus rayos se filtraron entre los huecos. Clemencia vio oscurecer a su alrededor y una pequeña luz que iluminaba la puerta del corral, el viento ajito las ramas de un árbol que estaba ahí junto, unos niños enmascarados de muerte pasaron corriendo, sus madres les seguían de cerca, cargando ramilletes de cempasúchil. Entonces Clemencia pensó que un pequeño susto podría desembarazar a su mami, y decidida abrió al perro la rejilla cuando la nube dejó al sol.El rottweiler corrió directo hacia Nora, ella escuchó los ladridos del perro y las risas de Clemencia, cuando menos lo pensó el can estaba sobre ella rugiendo feroz.Más tarde, Clemencia y Fidelina miraban el televisor, la rubia preguntó “¿El sustito no funcionó?” y Clemencia contestó: “trataré con uno más fuerte la próxima vez”. Aquella noche “El buen sabueso” recibió de regreso a uno de sus miembros, pero ésta vez su política cambiaría, “Por que un mal perro, recibe una muerte digna”.
Marzo 19, 2008
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En un barrio llamado “El Alcanfloras” existía una familia muy respetada, los Famel.Sr. Famel un buen contador público y su esposa la Sr. Famel, respetable ama de casa, criaron con fervor a su única hija, Nora. Educada, perfeccionista e implacablemente limpia, Nora supo desde pequeña que una buena impresión era la mejor forma de conseguir lo que uno desea. A los 10 años una canasta de manzanas rojas y relucientes le valió un 10 a cambio de sus fallidas matemáticas. A los 15 un hermoso arreglo floral con rosas rojas y frescas, le consiguieron un pase directo a la clase de costura y abandonar los odiosos deportes. Pero a los 21, un buen vestido y excelente maquillaje lograron lo que Nora siempre había anhelado, dejar para siempre el barrio de Alcanfloras y mudarse a “El piadoso”, colonia residencial.Fue a los 21 cuando Nora Famel se convirtió en Nora Claustro.
Marzo 19, 2008
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“El Piadoso”, era el nombre de un buen barrio en la ciudad. Las casas eran amplias y con hermosos jardines al frente que se extendían hasta desbordarse sobre las banquetas, los aspersores se encendían todas las mañanas al mismo tiempo y regaban el césped. Rara vez una nube cubría el sol y los niños siempre jugaban en la cera con sus patines y triciclos. Había muñecas que esperaban tardes enteras sentadas en los columpios y carritos de bomberos que se quedaban en los cobertizos por las noches. Recientemente una nueva familia había llegado al barrio, se trataba de los Claustro. Con tanta felicidad en el exterior, Clemencia prefirió la soledad frente al televisor.¡Salvad al mundo de un terrible final! Gritaba Moisés desde la pantalla, Clemencia suspiró sentada frente a la televisión y entonces el sonido del teléfono robó su atención. Fue Nora, mujer alta y delgada como una vara, pero aun así de muy buen ver, a contestar el teléfono; mientras su pequeña recobraba el interés en el film bíblico del mes.Nora, saludó, bajó la voz y finalmente contestó “No estoy enferma, es otra cosa” sus pequeños ojos se clavaron sobre la espalda de su hija, cuidando que no le prestara atención a su conversación. Puso entonces el teléfono más cerca de sus labios y afirmó: “es embarazo, pero si este bebé nace, el mundo se me acaba”. El mundo se acaba, salvadlo de un terrible final! Insistió Moisés en la pantalla, y Clemencia comprendió lo que tenía que hacer.
Parecía un buen barrio “El Piadoso”, pero llegaron los Claustro.
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Próximo miércoles capitulo doble, descubre el pasado de Nora Claustro y el primer intento de Clemencia por terminar con el embarazo de su mami en “Otro Muerto”
Marzo 12, 2008
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Hace dos semanas mientras el padre daba el sermón, Carlota Fontera le contaba a Hortensia Castilla que el marido de Sandra Gozarra la había dejado por su secretaria. La semana pasada Salomón Contreras le contaba a Lucio Castilla el final de la película que recién estrenaba en el cine, mientras les pasaban la charola de la limosna. Pero esta tarde en la pequeña iglesia del colegio Monsis, un plan se ideaba. La pequeña Clemencia explicaba a su amiga Fidelina que los bebés no vienen de Paris, sino de un turbio secreto anidado en la matriz. ¿Cómo llegan los bebés a la pancita de las mamis? – preguntaba Fidelina sin cesar. Pero a Clemencia no le importaba como llegaban, sino como sacarlos. ¿Tu mami tendrá un bebé? ¿Jugaremos con él? ¿Cuándo llegará? Insistió Fidelina. Clemencia no titubeó para contestar: “el bebé no debe de llegar”. Sus grandes ojos negros se perdieron con su oscuro cabello, miró un segundo a la virgen en el altar, escuchó el rechinar de las puertas con el viento, y vio a las llamas de las veladoras bailar, hasta que finalmente sintió la punta del dedo de porcelana de la virgen apuntarle. Entonces Clemencia aclaró a Fidelina: “Mami dijo que si el bebé llega, el mundo se acabaría”. Los ojos de Fidelina se abrieron de par en par y su parpado derecho tembló sin más, Aún no es mi cumpleaños el mundo no puede acabar, pensó la rubia niña y guardó silencio mientras miraba a su pálida amiga.Sí, muchas cosas pueden pasar en una iglesia, pero aquella tarde en Monsis, Clemencia había decidido que al mundo salvaría de un apresurado final, antes de que los villancicos comenzaran a sonar.
Marzo 6, 2008
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¿Quién es esa niña?, ¿Cuál?, esa, la que está sentada ahí, sola, en la primera banca de la iglesia. La que mira fijamente el rostro de la virgen en el altar, el brillo de las veladoras reflejado sobre el manto de porcelana y los ojos de cristal que están lejos de la caridad.La conozco, es hija de Nora y Octavio Claustro, cuando llegó al mundo sus particulares y grandes ojos negros impresionaron a sus padres. Fue después su pálido color y oscuro cabello lo que les asombró.Que extraña niña, me causa una rara sensación. Es una niña especial, sólo tiene 5 años y ya sabe sumar, restar y multiplicar; los Claustro notaron su inteligencia y pronto la metieron en esta religiosa escuela. La he visto siempre sentada en un rincón, bajo la sombra que provoca cada esquina en el salón. Dicen que de su casa nunca sale, siempre esta frente al televisor, su único amigo.Si que es extraña de verdad, mírala ahí, sentada frente al altar pareciera que con Dios puede hablar. ¿Y si pudiera?¿Cómo se llama la pequeña? La han nombrado Clemencia.
Marzo 6, 2008
Categorías: Uncategorized . Etiquetas:claustro, clemencia, es, quien . Autor: sergiomdz . Comentarios: Dejar un comentario